Todo libro de homenaje es un gran relato de nostalgia y celebración, hecho a una voz o como un coro múltiple, como es este caso. Cada uno de los autores, o porque fue amigo o discípulo o colega (o espectador atento como lo fui yo en varios momentos), recuerda y dialoga desde algún momento de su relación o desde alguna faceta que más conoció o disfrutó, o con la que se identificó; otros, más tímidos, apenas informaron; algunos, más arriesgados, reflexionaron y criticaron, e incluso se preguntaron, no tanto por el “Luis Fernando Zapata Abadía” que fue amigo o artista o maestro, sino por “aquel” que permanece en sus obras, en su escritura, en sus dibujos, en sus montajes y direcciones.
En libros como este, hecho a retazos de memorias frescas, intensas, enteras o deterioradas, se cae en la tentación de que el “homenajeado” sea él mismo un personaje: versiones de las versiones. Y ni siquiera ocurre que sea una voz personaje para sí, como un espejo, artista con artista, conversación muda, hermética; sino algo mucho más fascinante: aquí Luis Fernando Zapata Abadía podrá ver, tendrá la invaluable posibilidad, de presenciar en palabra cómo lo sintieron, lo vivieron, lo pensaron; y si no todo él, al menos parte de él: lo que quiso poner en la escena de sí y llegó tal cual, o lo que no quería pero se le escapó, o lo que ni se dio cuenta pero sucedió, o lo que quiso expresar pero llegó de otra manera, o lo que ni él ni los mismos autores de estos textos supieron ni vieron: un “algo” que quedó ahí, en el aire, esperando ser contado. En este libro no hay control, hay relato abierto, caminos de los que no estamos muy seguros adónde llevan. Eso sí, lo que se cuenta aquí es narrado por quienes lo vivieron, y estuvieron cerca, y a veces, por fortuna, en los instantes en que más cerca debían estar, y aún están. Así las cosas, lo primero. Una confesión obvia pero necesaria: no todo Luis Fernando Zapata Abadía está aquí; no hay ansiedad de totalidad, hay acercamiento desde muchas orillas, afirmación de varios centros. En ningún sentido, este es un libro proustiano, aquí no se quiere recuperar ni detener ni regresar a ningún tiempo perdido. Aunque el pasado es el sustrato de todas estas escrituras, ellas mismas están en clave de presente. Aquí está el artista, el bailarín, a veces el actor, a veces el dramaturgo, a veces el amigo, y que sigue siendo todo esto… Hoy.


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