Un aporte meritorio a nuestra historia En la presentación de este libro, Marina Lamus Obregón escribe: Diversos materiales y estudios sobre la historia del teatro colombiano han visto la luz desde mediados del siglo pasado, lo cual significa que el pretérito del arte ha suscitado mayor interés y, con este, el rescate de documentos, obras de teatro, vestigios de sus puestas en escena, reseñas e información en general. Para continuar allegando referencias a ese pasado, el presente libro recoge y divulga las ilustraciones y caricaturas que sobre la vida teatral trazaron algunos dibujantes, las cuales se difundieron en publicaciones periódicas. Marina hace mucho más que eso. Porque a la hora de escribir los textos de este libro y elegir la rica muestra de caricaturas, fotografías y textos satíricos que en él recoge, ya tiene en la cabeza y en la imprenta una vasta ilustración personal sobre la historia de Colombia y sobre la historia del teatro en Colombia, y les aporta algo inédito como tema y como visión afectiva pero crítica; y hace un aporte meritorio a la indagación sobre las mentalidades de una sociedad que, como la bogotana del primer tercio del siglo xx (privilegiada en esta investigación), igual que las del resto del país, pugnaba por superar los horrores de las contiendas civiles y por entrar, al fin, a la esquiva modernidad. Empresa nada fácil cuando todavía imperaban el espíritu de la Regeneración y un conservadurismo cerril, amén del hijo natural de ambos: la inclinación de la cultura oficial, siempre tan cara a los empresarios, por un hispanismo excluyente y con frecuencia decadente o el recurso, en cuanto al teatro musical, por la ópera italiana, raras veces la francesa, y la ignorancia de las nuevas corrientes que habían empezado con el wagnerianismo.
Por supuesto, la permanencia de aquellas corrientes estéticas sobrevivientes del romanticismo latino de todos modos era un progreso: cada vez se abría más la puerta a la influencia europea, directa o por mediación de compañías argentinas o mexicanas, las cuales, como bien lo señala Marina, con frecuencia ponían en escena su propio repertorio nacional y obras de la dramaturgia colombiana.


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