Y se hace justicia. Desde hace algunos años en la dramaturgia colombiana se han presentado cambios sustanciales y radicales. Y lo más importante es que se pueden cuantificar y cualificar ante la necesidad sentida de realizar publicaciones que nos permitan el recuento y análisis científico de la teatralidad implícita en ellas. Uno de los aspectos olvidados de la dramaturgia, la confirmación y divulgación en forma de publicación del entramado textual dramatúrgico, por fin ha sido tenido en cuenta.
Es una parte del teatro como cultura viviente, que ratifica, devela zonas de experiencia y nos sumerge en la objetiva subjetividad del trabajo teatral. Me refiero al trabajo poético como proceso de producción material que a su vez da nacimiento a una poiesis (la extraña palabra que usa Cornelio Castoriadis (1922-1997) para referirse a la creación y de lo que de ella se deriva: el problema de la imaginación, de lo social – histórico y las instituciones. Y se hace justicia cuando el Fondo editorial A Teatro – ATRAE, escoge a Luis Fernando Zapata Abadía para que dé a conocer su producción dramática. Hablar de Fernando Zapata con la visión miope de un escritor de escritorio, es faltar a la verdad. El autor de los textos que se dan a conocer es más que eso. Es un artista en el sentido integral del término. Me considero incapaz en un tradicional prólogo de dar a conocer los logros de su polifacética obra y por lo tanto me acerco balbuceante a lo que atañe a la dramaturgia escrita, aunque necesaria y tangencialmente me tenga que referir también a su rol como actor y director de escena.


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